Bélgica Castro y Alejandro Sieveking: la despedida que enluta a la escena teatral chilena

Sieveking y Castro TeatroUC

Ambos actores que acaban de fallecer son figuras fundamentales para el teatro chileno del siglo XX. Ella, una de las fundadoras del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, y él, un escritor indispensable de la dramaturgia nacional, fueron reconocidos con el Premio Nacional de Artes de la Representación en 1995 y 2017, respectivamente.


Bélgica Castro no alcanzó a estar un día sin Alejandro Sieveking, antes de seguir sus pasos y morir unas cuantas horas después de quien fuese su marido por casi 60 años. Mientras que el actor, director y dramaturgo Alejandro Sieveking falleció el pasado jueves 5 de marzo, a los 85 años, la actriz Bélgica Castro falleció ayer viernes 6 de marzo, el día de su cumpleaños número 99.

La noticia remeció a la escena teatral. “El matrimonio de Alejandro y Bélgica no solo es una muy hermosa historia de amor individual y personal, sino que es la historia del teatro en Chile, porque Bélgica participó de la fundación del primer teatro universitario en el país y Alejandro fue una de las glorias del periodo de madurez de esos mismos teatros”, explica Andrés Kalawski, dramaturgo y director artístico del Teatro UC. “Con la muerte de ambos la pregunta que surge es: una vez frustrado ese proyecto de desarrollo del teatro nacional que se cortó con el Golpe de Estado y la dictadura cívico militar, cómo nosotros, las generaciones siguientes que tuvimos la dicha de trabajar con ellos, vamos a transformar su legado no en algo para guardarlo, sino para seguir transformando”, añade quien además es el autor de Pana, montaje que Sieveking protagonizó en 2009, junto a Arnaldo Berríos, Eduardo Barril, y al también Premio Nacional de Artes de la Representación, Ramón Núñez.

Nadie en la escena teatral ha quedado indiferente con la muerte de la pareja, ni con la forma en que se sucedieron los hechos. El actor y director Willy Semler, afirma que esta es una situación casi paranormal y shakesperiana, pero que no podía suceder de otro modo. “No sé si Alejandro antes de saltar para el otro lado se devolvió por la Bélgica o la Bélgica estaba esperando verlo pasar para ella partir detrás. Es el fin de un cuento de hadas que termina diciendo: Y murieron felices para siempre”, afirma Willy Semler; mientras que la diseñadora de vestuario teatral, Catalina Devia, expresa que: “Bélgica y Alejandro eran mis vecinos, pero antes que eso eran la realeza del teatro, ese tipo de personas de las que siempre uno quiere estar cerca. Sin duda el legado de Alejandro y Bélgica reúne al teatro, la disciplina férrea, el compromiso político y el gozo por la vida; espero haber aprendido bien de ellos”.

“El matrimonio de Alejandro y Bélgica no solo es una muy hermosa historia de amor individual y personal, sino que es la historia del teatro en Chile, porque Bélgica participó de la fundación del primer teatro universitario en el país y Alejandro fue una de las glorias del periodo de madurez de esos mismos teatros”, explica Andrés Kalawski, dramaturgo y director artístico del Teatro UC.

Sieveking y Castro TeatroUC

Tanto Bélgica Castro como Alejandro Sieveking fueron reconocidos en vida con el más alto galardón del país, ambos fueron merecedores del Premio Nacional de Artes de la Representación, ella en 1995 y él en 2017. Sobre este reconocimiento, el académico UC, Ramón Núñez, recuerda: “Yo me convertí en una especie de adalid de él, obligándolo a que postulara. Por supuesto, nuestra Escuela apoyó en su totalidad esta nominación y yo escribí una carta en mi condición de Premio Nacional en la misma categoría. En esa carta yo especificaba que el teatro chileno se dividía en dos: desde Alejandro Sieveking y después de Alejandro Sieveking, así es de importante y gratificante la presencia que él tuvo en el teatro chileno”, puntualiza.

Sobre Alejandro Sieveking, la académica e investigadora teatral, María de la Luz Hurtado, no vacila: “Es uno de los más grandes creadores de la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del siglo XXI. Un hombre de una creatividad e imaginación notable, pero también con un compromiso con el arte y la cultura ligado a los grandes problemas y necesidades de nuestro país”.

De Bélgica Castro, en tanto, Andrés Kalawski destaca su profunda devoción por el teatro “que transformaba nuestra idea de lo que es el teatro profesional, porque por su historia Bélgica no pudo estudiar teatro. Ella empezó a hacer teatro antes de que en Chile hubiera escuelas, entonces cuando uno entiende lo profesional como esta especie de certificado, uno se encuentra con maestros como Bélgica que nos devuelven esta idea de lo profesional como una vida dedicada al perfeccionamiento de un arte y a la creación de una comunidad”.

 

Una historia de amor sobre el escenario

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Bélgica Castro y Alejandro Sieveking se conocieron en 1956. Ella tenía 34 años y él 21. Él, era un mechón hechizado por la profesora de Historia del Teatro; y ella, una actriz consagrada, casada y con un hijo. “Estudiaba Arquitectura en la Universidad de Chile el día en que mi vida cambió. La vi sobre el escenario, como la Sonia en 'Tío Vania' de Chéjov y me deslumbró. Ella tenía una luz cuando actuaba. Una luz de esas que se irradian. Es una persona capaz de hacer algo irreemplazable en el escenario porque tiene el interior para hacerlo. Han pasado 61 años y no olvido ese deslumbre. Renuncié a Arquitectura y me inscribí en Teatro”, rememoró Sieveking en una entrevista de 2017.

A pesar del revuelo que causó, en esa época, su diferencia de edad y el que ella hubiera sido su profesora, la química entre ambos fue inevitable y en 1962 contrajeron matrimonio. Pero su relación, por supuesto, fue mucho más allá de lo sentimental. “La musa que tuvo Alejandro Sieveking como dramaturgo se llamaba Bélgica Castro”, afirma Ramón Núñez, refiriéndose a piezas tan relevantes para el teatro nacional como los son Parecido a la felicidad (1959), Ánimas de día claro (1961), La remolienda (1964), Tres tristes tigres (1967) y Pequeños animales abatidos (1974), esta última, merecedora del Premio Casa de la Américas. “No hay ningún actor, actriz o teatrista en Chile que no haya alguna vez montado o tenga como referente una escena u obra de Alejandro Sieveking. Son obras fundamentales para el teatro chileno, que se estudian incluso en los colegios”, asegura Alexei Vergara, director de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica.

En 1971, junto a destacados nombres del Teatro Experimental de la Universidad de Chile y el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica —entre ellos, Ana González, Luz María Sotomayor, Luis Barahona y Dionisio Echeverría—, Alejandro Sieveking y Bélgica Castro fundaron el Teatro del Ángel.

En septiembre de 1973, la compañía preparaba el estreno de La virgen del puño cerrado, obra que contaría con la dirección de Víctor Jara, íntimo amigo de la pareja, que ya había dirigido innumerables obras de Alejandro Sieveking, tales como Ánimas de día claro, montada por primera vez en diciembre de 1961, en la Sala Camilo Henríquez del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica. La virgen de la manito cerrada  fue estrenada en noviembre de ese año, no obstante, el impacto por el asesinato de Víctor Jara en los primeros días de la Dictadura Militar fue tal, que Bélgica Castro y Alejandro Sieveking acordaron autoexiliarse al año siguiente en Costa Rica, que era el único país que no tenía un régimen dictatorial y que contaba, además, con un ministerio de cultura. Allí, su compañía “Teatro de Ángel” continuó su trabajo con giras por distintos países de Latinoamérica hasta su regreso a Chile, en 1984.

Desde entonces, ambos compartieron una célebre vida dentro del mundo teatral y cinematográfico, sobresaliendo tanto por sus indudables talentos, como por su porfía de no abandonar la actuación. Una de las últimas veces que actuaron juntos sobre el mismo escenario fue en 2012, cuando ambos protagonizaron Todo Pasajero debe descender, la primera parte de una trilogía dramática escrita por él. La pieza se estrenó en la sala Ana González del Teatro UC, bajo la dirección de Alejandro Goic.

La participación de Bélgica Castro en el teatro no conoció pausa durante más de 60 años, incluso siendo nonagenaria. Su reputación hizo que fuera consultada por distintos autores para que revisaran sus guiones, instancias en las que reflejaba su crítica al teatro más contemporáneo y distancia con la televisión; “los autores jóvenes confunden la picardía con la grosería y eso no me gusta”, dijo en una entrevista del diario La Tercera en 2015.


Alejandro Sieveking, en tanto, estrenó en el Teatro UC Todos mienten y se van, la segunda parte de la trilogía, en julio del año pasado. En ella actuó junto a Anita Reeves, ya que la salud no le permitió a Bélgica participar del montaje. Sin saberlo, el actor y dramaturgo se adelantó en las tablas a lo que meses después pasaría en la vida real, muriendo en escena en medio de las protestas de un Chile convulsionado.

 

Investigación y texto equipo Teatro UC y Lía Alvear, periodista de la Facultad de Artes UC.

 


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