8 de mayo de 2025
Estrenada un 24 de marzo de 1995, para el aniversario 90° de la muerte de Julio Verne, la obra Viaje al centro de la Tierra es una adaptación del clásico francés que narra la travesía de Otto Lidenbrock y su sobrino Axel, al descubrir un misterioso papiro que contiene la ruta al interior de nuestro planeta.
El montaje regresa a Teatro UC 30 años después su estreno, en el marco de los 80 años que cumple la Escuela de Teatro UC. A manos de la compañía Teatrocinema, conservando la dramaturgia original de La Troppa, la obra vuelve con Juan Carlos Zagal, nuevamente en el papel de Otto Lidenbrock, acompañado por Christian Aguilera como su sobrino (originalmente interpretado por Jaime Lorca).
La puesta en escena deja de lado al guía original del texto de Verne, para centrarse en el optimismo exacerbado de estos dos científicos, quienes se creen capaces de manejar toda fuerza de la naturaleza que se les cruce por delante, transformando el camino al centro de la Tierra en un viaje cada vez más sorprendente.
Con esta obra, la extinta compañía La Troppa se embarcaba en una oda a la aventura, un viaje hacia el mundo de Verne con el característico lenguaje que los definió como creadores. Los objetos salen de su uso ilustrativo o ambiental para convertirse en narradores de la historia, y la influencia del cine se hace presente con diferentes ángulos, escalas y planos que llenan de dinamismo la escena, convirtiendo el montaje en un evocativo mundo repleto de símbolos, maravillas y curiosidades.

Registro de la temporada 2013 en Teatro UC. En escena: Christian Aguilera y Esteban Cerda. Créditos: Prensa UC.
El trabajo de compañía La Troppa, disuelta en 2005, ha marcado un hito en la historia reciente del teatro chileno. Sus investigaciones en torno al lenguaje lúdico y simbólico han contribuido a redefinir los códigos de la escena chilena.
Siguiendo el proceso creativo de montajes anteriores, entre la adaptación y reescritura del texto original, la hoy característica locomotora emergía como escultura escénica, convirtiéndose en coprotagonista de la obra junto al distinguido minerólogo y su sobrino.
El mundo a finales de los ochenta y la década de los noventa, está pauteado por la victoria del bloque capitalista tras la caída del soviético y la emergencia cada vez con más fuerza de ideas como el fin de la historia, la muerte de las utopías e incluso del arte. Chile comienza su proceso de transición a la democracia y el teatro nacional se sumerge en la búsqueda de nuevas formas para la puesta en escena.
En este contexto, Laura Pizarro, Juan Carlos Zagal y Jaime Lorca, todos exalumnos de la Escuela de Teatro UC, comienzan con el trabajo de mesa en 1993, buscando desaprender las rígidas estructuras de la educación formal y volcando la mirada hacia la materialidad teatral por sobre el texto dramático.
"El teatro nace cuando los actores comienzan a escenificar y a vivir los textos y eso es lo que después ve un espectador. Se nos clarificó rápidamente que nuestro teatro lo teníamos que hacer nosotros, desde nosotros mismos, sobre el escenario, sobre la escritura, ya que valoramos siempre la fuerza que significaba el hecho de que los actores estén sobre el escenario narrando una historia que no tiene nada que ver con la literatura que plantean los dramaturgos”, Juan Carlos Zagal en el Cuadernillo de Mediación N°39, Teatro UC (2013).
De aquella búsqueda emergen las ensoñadoras y lúdicas imágenes por las que La Troppa es hoy recordada. Ya en sus primeros montajes (El santo patrono, Salmón-Vudú y El Rap del Quijote) como Compañía Los que no estaban muertos, se instala un imaginario lleno de simbolismos que caracterizará fuertemente el trabajo de los 90.
Con el cambio de década, y la reformulación del colectivo bajo el nombre de La Troppa, la compañía asienta una horizontalidad de los roles en su método de trabajo: música, escenografía, texto y dirección son parte de un mismo juego creativo. El estreno de Pinocchio (1990) los posiciona como parte de una renovación teatral. La crítica aplaude la relación del elenco con la escenografía, asimismo la precisión de la música y el texto que dotan al montaje de su propio simbolismo.
Siguiendo su propio método creativo, el colectivo sigue adelante con el estreno de Lobo (1992), Viaje al centro de la Tierra (1995) y Gemelos (1999). Convirtiéndose este último en el montaje que consolida la compañía a nivel internacional, otorgándoles la entrada al connotado Festival de Avignon en Francia y el Premio Altazor a mejor dirección año 2000; galardón que comparten Pizarro, Zagal y Lorca.
Este reconocimiento internacional permitió obtener el financiamiento de Le Volcan Scène Nationale du Havre para Jesús Betz, obra estrenada en 2003 que sería la última montada por la compañía antes de su cierre en 2005.
Tras su disolución, Pizarro y Zagal crean TEATROCINEMA junto a nuevos integrantes. Por su lado, Lorca funda la compañía Viaje Inmóvil.
Científicos aventureros, máquinas imposibles y maravillas de la naturaleza que caracterizan los mundos creados por Julio Verne continúan asombrándonos, incluso tras más de un siglo de ser escritos. A 120 años de su muerte, recordamos su legado con este remontaje del clásico Viaje al centro de la Tierra.
Verne nació en 1928 en la ciudad portuaria de Nantes, Francia. Primogénito de una familia de abogados, a los 19 años se marchó a Paris para seguir el camino de las leyes. En un país aún convulsionado por la inestabilidad política que desencadenó la revolución años atrás, el joven Julio Verne se refugia en la literatura tras una serie de desencantos amorosos. Absorbido por el espíritu del romanticismo y leyendo autores como: Víctor Hugo, Alexander Dumas y Edgar Alan Poe; una vez titulado Verne rechaza reiteradamente las ofertas laborales de su padre para dedicarse de lleno a la literatura.
1962 es el año que marca un giro para la carrera del autor. Pierre-Jules Hetzel, editor que publicó autores como Balzac Y George Sand (seudónimo de la escritora Amantine Dupin), queda fascinado con el manuscrito de “Cinco semanas en un globo”, que se convierte inmediatamente en un éxito tras ser publicado. A partir de entonces Verne y Hetzel entablan una relación que le permite al autor que sus relatos se impriman semana a semana en revistas y, posteriormente, se publiquen compilados como novelas.
Con un cañón que puede desviar la trayectoria de la Tierra, su anticipación del submarino y globos que transportan personajes más allá de lo posible, la imaginación del autor francés le ha valido el título de padre de la ciencia ficción, pese al desacuerdo de algunos críticos.
Fruto de su época, la literatura de Verne conjuga dos fuertes corrientes de momento. Por un lado, el optimismo de la ciencia de que la experiencia es la fuente de todo conocimiento verdadero. Por otra parte, el romanticismo adoptado por autor convierte a sus científicos en héroes que contemplan la naturaleza y ven la ciencia como instrumentos de su arte. Como diría Arthur Evans, las máquinas de Verne son máquinas poéticas.
Tras una prolífica y aplaudida carrera, Julio Verne fallece en 1905 a causa de complicaciones con su diabetes. Viajes extraordinarios, una serie de novelas que incluye clásicos como Viaje al centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865) y La vuelta al mundo en 80 días (1972), le sobreviven convirtiéndose en su principal legado. Desde su muerte, sus obras has sido adaptadas al cine, televisión y teatro en innumerables ocasiones, cautivando a generaciones de niños y adultos que continúan viajando a sus maravillosos mundos.
*Esta nota es una reescritura del Cuadernillo Cuadernillo de Mediación N°39 realizado por Teatro UC en 2013, bajo la edición de Amalá Saint Pierre. Principalmente se toman las entradas escritas por Rodrigo del Río Joglar, Martina Pedreros y Pedro Celedón.

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